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Guía de turismo en Madrid

Comercios centenarios de Madrid II

“El Ayuntamiento de Madrid agradecido por los servicios a la ciudad”, así reza el texto que podemos admirar en distintas farmacias, restaurantes, librerías, pastelerías, restaurantes y muchos más comercios, antes de entrar por sus puertas, en una pequeña placa de bronce diseñada por Antonio Mingote, que sirve para identificarlos como “especiales” por su contribución a la historia de la ciudad.

Sobrinos de Pérez, desde 1867. En el número 6 de la calle de Postas se encuentra este comercio centenario de artículos religiosos, fundado por dos riojanos, Basilio Pérez y Leoncio Pérez. El nombre del comercio hace alusión al parentesco, pues el sistema de sucesión en esta industria fue siempre el sobrinazgo, pasando la titularidad de los dueños, siempre dos y siempre primos, a los sobrinos. Sobrinos de Pérez ha respetado esta tradición hasta la cuarta generación, momento en que la heredó el hijo de Jesús Jiménez, representante de la quinta generación. El inmueble en el que se ubica este comercio centenario, de 3,12 metros de ancho, tiene el honor de ser el más estrecho de Madrid, siendo necesario atravesar la tienda para poder acceder a los pisos superiores. En la planta baja se encuentra el comercio, en la primera el dormitorio, la segunda acoge la cocina y la última el cuarto de baño.

Santarrufina, desde 1887. El número 9 de la calle de la Paz acoge este comercio, dedicado a la venta de artículos religiosos como orfebrería, imaginería, ornamentos o telas, fundado por Pablo Arteaga y un sacerdote llamado Maximiliano, denominado Casa Arteaga. El nombre actual lo toma, tras la Guerra Civil, del apellido de uno de sus empleados, José Santarrufina, quien junto con Francisco Hera continuaron con el negocio tras el episodio negro de la historia española debido al fusilamiento de Maximiliano y la muerte, en el año 1924, de Pablo. Tras el fallecimiento de este último y hasta el cierre obligado por la Guerra Civil pasó a llamarse Casa Clero. En el año 1972 es adquirida por la familia Oriol y posteriormente por la familia Molina Salazar, actuales propietarios y fabricantes de arte sacro, quienes continúan elaborando vidrieras y órganos de tubos, con las mismas calidades y procesos de producción que fueron ya empleados desde el siglo XVII.

Chocolatería de San Ginés, desde 1894. Ubicada en el local construido en 1890 como sede del mesón y hospedería de Lázaro López, pronto pasó a ser la Buñolería-Churrería de San Ginés, situada en uno de los pasadizos más antiguos de la ciudad, semiescondida entre la calle del Arenal y la calle Mayor, lo que supuso, en época de la Segunda República, que se la conociera popularmente con el sobrenombre La Escondida. Por sus mesas de mármol blanco se han reunido a primeras horas de la mañana los trasnochadores usuarios del Teatro Eslava o los fieles madrugadores de la Iglesia de San Ginés para degustar los churros realizados con la técnica tradicional llamada a hombro. El escritor Valle Inclán se fijó en este establecimiento y lo nombró como buñolería modernista en su obra Luces de Bohemia. Hoy en día se pueden disfrutar sus delicioso chocolate con porras o churros en lugares tan dispares como Tokio, Shanghai o Bogotá.

Capas Seseña, desde 1901. Mucho ha llovido ya desde que, a principios del siglo XX, Santos Seseña fundara Casa Seseña con el nombre de Le Printemps en la calle de la Cruz de Madrid. Tras él, su hijo Santos Seseña, su nieto Enrique Seseña y su bisnieto Marcos Seseña se han encargado durante años de mantener viva la tradición de la fabricación de la capa española. Realizadas de manera tradicional, una a una, con lana merino de primera calidad, excelente para aportar calor a la vez que ligera, es comprensible que fuera la preferida de personalidades como Pío Baroja, Luis Buñuel, Hemingway, Gary Cooper, Federico Fellini, Marcello Mastronianni, Hilary Clinton, Michael Jackson, Bruce Springsteen, Catherine Deneuve o Pablo Picasso (quien incluso fue enterrado con ella). En la actualidad sigue vivo su uso, sobre todo gracias a la Asociación de Amigos de la Capa, fundada en el año 1928 por Tomás Seseña.

Almacén de Pontejos, desde 1913. Velcro, puntillas, galones, borlas, bolillos, cristales, lanas y botones, sobre todo botones, es todo lo que puedes encontrar en Sucesores de Antonio Ubillos, una mercería fundada a comienzos del siglo XX por Antonio Ubillos, guipuzcoano que llegó a Madrid para trabajar como aprendiz en la tienda de su tío Ángel Caso, donde llegó a ser gerente. Tras esa etapa decide adquirir un local justo enfrente del de su tío, en la misma plaza de Pontejos y así desarrollar su propio negocio de Novedades, Bordados y Encajes. Más adelante Ubillos deja como sucesor a su yerno Máximo Rueda, quien renueva el negocio y lo convierte en lo que es actualmente. Desde entonces, cuatro generaciones de la familia Rueda Ubillos se han encargado de mantener vivo el legado del fundador.

Madrid está esperando a que la descubras…

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DescubriendoMayrit • 30 Mayo, 2016


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